En la primavera de 2007, mes de abril, este grupo de poetas compartieron espacio y tiempo llamados por la curiosidad de un taller de poesía en La Casa Encendida de Madrid, nombrado con el mismo título que acoge este libro y coordinado por Juan Carlos Mestre. Las primeras palabras de Mestre tras cerrar la puerta del aula fueron toda una declaración de intenciones: «No os inquiete el saber, yo no tengo ninguno», parafraseando a John Keats. Fue un taller de tan sólo una semana de duración. Pero con la suficiente intensidad como para cambiar conceptos, remover poéticas, asentar aún más algunas convicciones previas, aprender a borrarse (poeta es el que se borra). Sobre todo, para sembrar la duda continua desde la que debe crecer el acto creativo. La poesía no entiende de dogmas.
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